Amor Incondicional



Recordando a Dama y a Morla, mi otra gran compañera, o incluso a mi gata, Mimi, me encantaba cuando llegaba a casa y me recibían con tanta alegría y amor. Dama se volvía loca, lloriqueaba, se le movía todo el cuerpo e incluso saltaba, con lo grande que era!!! y Mimi, no dejaba de maullar y dar vueltas alrededor de mí y no paraba hasta que  la cogía en brazos y le daba unos arrumacos. Cuanto amor!!! Si llegabas triste o malhumorada se esfumaba. Gratitud infinita, alegría, amor, era lo que te transmitían. Es innato en ellos, en cambio nosotros lo tenemos que recordar.
El amor y la gratitud forman parte de nuestra esencia pero lo olvidamos. Queda oculto por capas y capas de envidia, celos, miedos, ambiciones, competir, ser el mejor, experiencias pasadas... Tenemos muchas causas por lo que agradecer. Los animales nos lo recuerdan cada mañana al levantarnos, cuando llegamos a casa o cuando los sacamos de paseo, recuerdo que Morla sólo con mirarla movía su gran cola peluda.. ellos nos aman incondicionalmente. Son humildes y amorosos, agradecidos.
Y nosotros, podemos amar incondicionalmente?
Amar sin esperar nada a cambio, sin poseer, con desapego, sin importar las consecuencias ni decepciones, queriendo el bien de la otra persona sobre todas las cosas, amar su esencia sin importar si se equivoca o no. Amar a todos los seres.
Pienso que sí, aunque debemos entenderlo bien porque puede que lo distorsionemos, no? 
Desde el punto de vista budista, el amor incondicional se conoce como Metta, abrir el corazón a todo lo que encontremos... Es una semilla que está en nuestro interior en espera  de ser nutrida para que crezca, con el fin de conseguir un corazón cálido y expansivo, e incluso empático con las alegrías y los sufrimientos de todos los seres.
No creéis que la clave está en la empatía? De esta manera no dominarían nuestros sentimientos por encima de los sentimientos de los otros seres. Al ponernos en la piel del otro actuaríamos con amor.
Toda esta tarea empieza en amarnos a nosotros primero, en el momento en que sanamos y aceptamos nuestras propias heridas. Y sobre todo en el momento en el que nos hacemos conscientes de que nuestra felicidad no depende de las relaciones con los demás si no de la relación con nosotros mismos. Que la felicidad la tenemos en nuestro interior y solo depende de nosotros el encontrarla o no. Ahí habremos encontrado el amor incondicional.

 

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Autonomía

Comunicación Ambiental

Atención plena